El coliving sigue ganando terreno como opción residencial en la Ciudad de Buenos Aires, una tendencia que nació en Silicon Valley en 2010 entre profesionales informáticos y hoy se consolida en varios barrios porteños. Este modelo de vivienda compartida permite alquilar una cama o habitación privada con acceso a espacios comunes como cocina, living, terrazas y zonas de coworking.
A diferencia del alquiler tradicional, que exige garantías, depósitos y contratos rígidos, el coliving ofrece flexibilidad, mobiliario y servicios incluidos. Tampoco funciona como un hostel orientado al turismo ni como una residencia estudiantil con gestión institucional; su foco principal está en crear comunidad entre sus habitantes.
En la Capital Federal, la oferta se concentra principalmente en barrios como Palermo, Recoleta, Belgrano, San Telmo y la zona de Congreso o Microcentro, extendiéndose además a ciudades como Córdoba y La Plata. Los precios en firmas locales como Wanna Colive van de los US$250 a US$450 mensuales por una cama en habitación compartida, y entre US$400 y US$1000 por un cuarto privado. En tanto, otras propuestas como Callao House manejan valores de entre US$450 y US$550 al mes para jóvenes de 20 a 38 años.
El público que elije esta modalidad reúne tres perfiles bien definidos: estudiantes universitarios (del interior, que se quedan más de un año, o extranjeros, que permanecen de cinco a seis meses), nómades digitales con estadías breves de menos de un mes, y jóvenes profesionales atraídos por la flexibilidad y la convivencia entre pares.

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