El espacio público en San Telmo y en la Comuna 1 se convirtió en el centro de un debate que nos toca de cerca a todos los vecinos: la arquitectura hostil. Entre bancos divididos para que nadie pueda acostarse, canteros elevados y estructuras rígidas de cemento, el diseño urbano de la Ciudad parece estar pensado más para expulsar y acelerar el paso que para recibirnos.
Sin embargo, frente a este panorama surgieron iniciativas desde la Junta Comunal 1. La comunera Luciana Grossi impulsó proyectos para intervenir plazoletas como el Veredón Castagnino y el Veredón Bemberg con un criterio inclusivo. Las propuestas buscan sumar pisos hápticos, senderos lisos para sillas de ruedas, bebederos accesibles y mejoras en la iluminación, devolviéndole a las plazas su función de punto de encuentro.
Especialistas como el arquitecto Jaime Sorín advierten que la ciudad viene aplicando políticas que excluyen no solo a personas en situación de calle, sino también a adultos mayores, chicos y personas con discapacidad. En la misma línea, la geógrafa Paloma Garay Santaló, del colectivo Casco Histórico Protege, resalta la necesidad de defender los espacios verdes de cercanía y los lazos comunitarios que caracterizan la vida cotidiana de San Telmo.
La discusión de fondo plantea qué modelo de barrio queremos: uno diseñado solo para la circulación vehicular y el consumo turístico, o un espacio accesible donde los vecinos puedan quedarse y encontrarse todos los días.






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