Para quienes buscan salir de la rutina del centro y de los clásicos de siempre, Buenos Aires guarda rincones con identidades únicas que merecen recorrerse a fondo.
Boedo despliega toda su mística tanguera en San Juan y Boedo, con la emblemática Esquina Homero Manzi como estandarte. Es un barrio cargado de historia, memoria y un circuito teatral independiente en constante movimiento. Se puede llegar fácilmente con la línea E de subte o colectivos como el 7, 23, 75 y 115.
En el norte porteño, Villa Urquiza ofrece un respiro de calma entre adoquines y calles arboladas. «Villurca» conserva su esencia barrial junto a la memoria de Luis Alberto Spinetta, quien dejó allí su huella y su estudio. Para acercarse se cuenta con la línea B (estación Juan Manuel de Rosas), el tren Mitre o el colectivo 140.
Por su parte, Colegiales se afianzó como un polo descontracturado de diseño, arte urbano y movida hipster. Su parada obligada es el icónico Mercado de Pulgas, ideal para rastrear antigüedades y decoración. Las líneas B y D de subte lo bordean, además de los colectivos 39, 59, 60 y 140.
Finalmente, en el extremo oeste, Mataderos mantiene viva su raambre obrera y sus tradiciones con la célebre Feria de Mataderos cada domingo, sumado a la cercanía del pintoresco Mercado Andino en Liniers. Se accede conectando el subte A con colectivos de zona o en directo desde el centro con las líneas 126 y 180.

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