A pasitos de los diques de Puerto Madero y a tiro del casco histórico de la Ciudad, la Reserva Ecológica Costanera Sur se mantiene como el pulmón verde más grande que tenemos los porteños y uno de los puntos naturales más destacados de toda la región. Con sus 350 hectáreas de extensión, este rincón ribereño se transformó con los años en una parada fija de cada fin de semana para los vecinos que buscan salir a caminar, pedalear un rato, trotar, encarar una caminata tranquila o simplemente compartir una jornada al aire libre con la familia.
El paisaje reúne una combinación bien variada de bosques, pastizales, lagunas y bañados, configurando un refugio para la flora y la fauna autóctonas en medio del cemento de la Capital. El valor de este ecosistema no es menor: allá por 1986 el predio fue declarado formalmente como Parque Natural y Zona de Reserva, y años más tarde, en 2005, obtuvo el reconocimiento internacional como sitio Ramsar debido a su peso como humedal a escala global.
Para recorrerlo y disfrutarlo de punta a punta, la reserva ofrece seis senderos donde conviven más de 2000 especies entre plantas, animales, hongos, insectos, tortugas, lagartos y coipos. A toda esta biodiversidad se le suma el valor patrimonial del entorno, rodeado por piezas escultóricas y obras arquitectónicas emblemáticas de la zona. Desde 2023, además, se sumaron nuevas pasarelas interpretativas montadas sobre los viejos senderos peatonales, lo que garantiza tramos seguros y facilita el acceso para los adultos mayores, las infancias y las personas con discapacidad.
El lugar también forma parte de una red ambiental mucho más amplia: está integrado a la Ecoruta del Río de la Plata, un corredor de más de 100 kilómetros que vincula distintos espacios verdes protegidos del área metropolitana y alrededores, entre los que se cuentan la Reserva de la Biósfera Delta del Río Paraná, el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos y la Reserva Natural Municipal del Pilar.
Los fanáticos del avistaje de aves tienen acá un punto de referencia obligado. Especialistas y observadores de diferentes partes del mundo se dan una vuelta por el predio para seguir de cerca a las más de 343 especies que cruzan su cielo, con la posibilidad de registrar al menos unas 50 distintas en apenas dos horas de recorrida. Para coronar la visita, el paseo invita a frenar en los miradores y contemplar el horizonte bajo la sombra de los ceibos, nuestra flor nacional.









Deja una respuesta