Arquitectura ferroviaria: las joyas ocultas de la histórica terminal de Plaza Constitución

En medio de las corridas que se viven todos los días por la mañana en el hall central de la estación Plaza Constitución, llama la atención ver a un grupo de personas frenadas con calma frente al busto del General Julio Argentino Roca. Lejos de estar chequeando la pantalla para ver de qué andén sale su tren o de recién bajarse de una formación, se trata de una veintena de vecinos y curiosos que participan de las visitas guiadas gratuitas que se organizan en la histórica cabecera ferroviaria. Frente a ellos, Mariana, la guía de Trenes Argentinos que coordina el recorrido de una hora, rompe el hielo contando que esa figura escultórica fue colocada en 1948, cuando el presidente Juan Domingo Perón nacionalizó el servicio y el antiguo Ferrocarril del Sud pasó a llamarse General Roca.

La escala de la terminal impresiona por donde se la mire y se ubica entre las más transitadas del mundo, a la par de puntos emblemáticos como Atocha en Madrid, Milano Centrale, Gare du Nord en París o Penn Station en Nueva York. Con un flujo que ronda las 700 mil personas diarias y 14 andenes operativos, el predio fue declarado Monumento Histórico Nacional en mayo de 2021. Muy lejos quedó su origen en 1864, cuando nació rodeada de calles de tierra y con el único propósito de transportar mercancías antes de volcarse al transporte de pasajeros. Hoy, tras trabajos de restauración, el edificio luce limpio, iluminado y con su foyer central en condiciones, aunque en la vorágine diaria la gran mayoría de los usuarios pasa de largo sin levantar la vista para apreciar su valor patrimonial.

El recorrido permite dimensionar cómo cambió el perfil social del lugar. En sus inicios era un punto frecuentado por la aristocracia, donde damas y caballeros viajaban con baúles, personal de servicio y caddies para instalarse la temporada entera en Mar del Plata. Hoy la postal barrial es la del ritmo popular de la Ciudad: miles de personas bajando de los ramales de La Plata, Ezeiza y Alejandro Korn para hacer transbordo hacia los colectivos sobre las dársenas de Brasil y General Hornos, o bajando a las escaleras de la Línea C del subte, conviviendo con quienes esperan el tren de larga distancia, los cafés al paso y aquellos para quienes la terminal termina siendo un refugio. Esta mística también dejó su huella en la literatura argentina, reflejada en textos de Jorge Luis Borges como *El sur* y *El Aleph*, así como en obras de Ricardo Piglia y crónicas de Rodolfo Walsh.

Uno de los aspectos más llamativos que revela la visita es que la estación está integrada en realidad por tres construcciones ensambladas. El núcleo original, bautizado «Constitución I», arrancó a operar en 1865 como una estructura austera junto al viejo Mercado del Sud y hoy sobrevive tapada por las obras posteriores. Al quedar chica la capacidad operativa, en 1883 se convocó al estudio londinense Parr, Strong & Parr para levantar un nuevo edificio sobre un terreno de 37.000 metros cuadrados. Esa obra, habilitada en 1886 sobre la calle Brasil con vista a la plaza y a la parroquia Inmaculado Corazón de María, se inspiró en el castillo francés Maisons-Laffitte bajo una impronta renacentista victoriana. Más tarde, en 1918, se sumó la entrada de General Hornos con un estilo geométrico y despojado. De hecho, hacia 1920 existió el proyecto firme de tirar abajo el palacio original para unificar toda la estación bajo esa línea más sobria, demolición que se frenó únicamente porque los costos resultaban inviables tras la crisis de aquellos años.

El trayecto descubre además varios rincones vedados al tránsito habitual. Detrás de una puerta sobre General Hornos se oculta el antiguo salón comedor de lujo, cuya última función pública fue servir como vacunatorio durante la pandemia de Covid. Este espacio, hoy despojado de su mobiliario original, contaba con cocina propia en el subsuelo para mantener aisladas las tareas de servicio, detalles de boiserie, pisos de parquet, una cúpula revestida en madera y un sector en altura para orquestas en vivo.

Otro punto sobresaliente es el Patio de los Leones, recuperado tras una intervención en 2013. Se trata del acceso inaugurado en 1885 sobre Brasil, que durante décadas estuvo cubierto por estructuras precarias, tabiques y puestos de feria. Al retirar las reformas superpuestas, reaparecieron las escaleras de mármol, techos de cinco metros de altura y las columnas rosas de una sola pieza traídas en barco desde Inglaterra y montadas por trabajadores locales, flanqueadas por las esculturas de leones que le dan nombre al sector.

Hacia el tramo final, el itinerario sube a una terraza exterior que permite observar de cerca la cúpula principal levantada entre 1902 y 1907, junto a las figuras alegóricas de Mercurio y Véneta vinculadas al comercio y al progreso técnico. La visita concluye en el hall Evita, área de preembarque de los servicios de larga distancia, donde se conservan una antigua balanza monumental de equipajes y la estructura de un viejo montacargas que bajaba bultos a los andenes y que tiempo después supo funcionar temporalmente como bar.

Para quienes quieran hacer la experiencia, las visitas guiadas se llevan a cabo los primeros y terceros miércoles de cada mes a las 11 de la mañana, con una duración aproximada de 60 minutos. La participación es gratuita pero requiere inscripción previa en el sitio web oficial de Trenes Argentinos, tras lo cual se recibe un correo electrónico para confirmar la asistencia 48 horas antes de la fecha. Como el circuito incluye tramos con escaleras, se aconseja asistir con calzado cómodo; además, se permite tomar fotos a lo largo del trayecto, salvo en sectores específicos que son señalados por el personal a cargo.

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