La estación de Retiro de la actual línea San Martín guarda una historia particular en el día a día porteño: lleva 114 años funcionando como cabecera pese a que nació pura y exclusivamente como una parada temporal.
El recorrido histórico arrancó cuando el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico hizo pie en Palermo allá por 1888. Apenas unos años después, en 1897, un grave incendio destruyó la Estación Central, lo que obligó a la empresa a buscar una vía de acceso propia. Con ese objetivo consiguieron el permiso oficial en 1901 para avanzar con las vías en altura y cruzar el barrio sin interrumpir el tránsito de las calles, una obra que dejó como marca urbana los arcos ferroviarios que todavía se ven en la zona.
Con esa traza terminada, la cabecera quedó formalmente inaugurada el 7 de julio de 1912. El edificio se levantó como una estructura liviana combinando hierro, madera y chapa con detalles de estilo neo-Tudor. La razón de semejante precariedad era bastante simple: la compañía no planeaba quedarse ahí, sino seguir viaje directo hacia el centro de la Ciudad.
Para concretar ese plan, la firma ya se había hecho de terrenos clave en el cruce de las actuales avenidas Corrientes y Leandro N. Alem. La idea original apuntaba a montar una gran terminal elevada frente al futuro Correo Central y a pocos pasos de la Plaza de Mayo, dejando la parada de Retiro relegada a una simple estación intermedia del servicio.
Sin embargo, el proyecto quedó truncado con la llegada de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que golpeó duro las finanzas e impidió la importación de materiales esenciales. Con la extensión totalmente frenada, el ferrocarril optó en 1931 por alquilar parte de ese predio céntrico para que se levantara el Luna Park.
De esta manera, la parada provisoria de Retiro terminó convirtiéndose en la terminal definitiva. Tras la nacionalización del sistema en 1948 para dar paso al Ferrocarril General San Martín, las instalaciones continuaron operando a lo largo de las décadas. Con el paso del tiempo y el lógico desgaste de los materiales, en 2019 se tuvo que desmontar y reconstruir gran parte de la estructura respetando su diseño histórico original, ratificando de manera formal que la vieja parada temporal llegó para quedarse.

Deja una respuesta