La fuerte contracción del consumo minorista condiciona los objetivos económicos oficiales

El consumo masivo no levanta y los números del bolsillo empiezan a marcar la cancha en los barrios. Según datos de la consultora Centia, en marzo de 2026 las compras cayeron un 5,1% interanual, mostrando un deterioro que se siente directo en la calle.

La bajada de persiana en la demanda pega de lleno en los comercios de cercanía: los supermercados registraron un desplome del 7% y los mayoristas del 8,8%, mientras que en kioscos y almacenes las ventas cayeron un 4,5%. Si bien los autoservicios y las farmacias mostraron un leve repunte del 0,9%, y el e-commerce trepó un 34%, este crecimiento digital no alcanza para paliar el freno del comercio físico.

El motivo de fondo es la pérdida del salario real frente a la inflación. Comerciantes de indumentaria, muebles, librerías y dietéticas coinciden en un escenario con menos clientes y márgenes cada vez más finos. Así, el margen de tolerancia inicial frente al ajuste empieza a ceder paso a la fatiga social, abriendo un desafío clave de cara al panorama electoral de 2027.

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