En el corazón de San Telmo, en el pasaje San Lorenzo 380, se levanta la Casa Mínima, reconocida como la vivienda más angosta de la Ciudad de Buenos Aires con tan solo 2,50 metros de frente. Durante años corrió la leyenda de que allí había vivido un esclavo liberto tras la abolición de la esclavitud, razón por la cual se la conoció bajo ese nombre. Sin embargo, las investigaciones confirmaron que no se trató de un regalo a un antiguo esclavo, sino de un espacio residual que quedó tras diversas reformas en la manzana.
Bautizada por el poeta Baldomero Fernández Moreno, la propiedad perteneció originalmente a la familia Lezica Peña. A fines del siglo XIX, la casona colonial se transformó en conventillo para albergar a los inmigrantes europeos que llegaban al barrio, en un contexto donde muchas familias acomodadas se mudaban al norte porteño tras la epidemia de fiebre amarilla. Fue en 1890 cuando la familia decidió dividir el inmueble, levantando una pared para separar el antiguo altillo y la entrada de servicio, creando así una unidad independiente con cocina, baño y patio propios.
Tras décadas de uso y posterior abandono, en 1994 el empresario Jorge Eckstein, dueño de El Zanjón de Granados, rescató la propiedad. Junto a un equipo de arqueólogos, buscó devolverle su aspecto colonial. Un detalle singular fue la reconstrucción de la escalera del patio: al no encontrar los planos originales en ese momento, Eckstein la diseñó basándose en una pintura del artista uruguayo Figari que vio en el Museo de Bellas Artes, coincidiendo de forma casi exacta con los planos auténticos que aparecieron tiempo después. Hoy en día, esta joya arquitectónica de fachada austera, puerta verde y balcón de hierro se puede visitar mediante recorridos guiados.

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