La Avenida 9 de Julio acaba de cumplir 89 años desde que se habilitó su primer tramo y vuelve a estar en el centro del mapa como la postal más icónica que tiene la Ciudad de Buenos Aires. Esta traza fundamental, bautizada en honor al Día de la Independencia, fue desde siempre el escenario elegido para grandes actos políticos, festejos populares, eventos culturales y recitales masivos al aire libre.
La historia sobre el asfalto arrancó oficialmente el 12 de octubre de 1937, cuando bajo la presidencia de Agustín P. Justo se inauguraron los primeros 500 metros entre las calles Bartolomé Mitre y Viamonte. Sin embargo, la idea venía masticándose desde mucho antes, ya que la ley 8.885 que dio luz verde a su edificación se había aprobado en 1912. Aquel proyecto inicial buscaba acompañar el tirón de crecimiento de la ciudad y contemplaba una traza de cinco manzanas, desde Bartolomé Mitre hasta Tucumán, a la par de los ensanches de otras vías clave como la Avenida Corrientes.
Con sus 140 metros de ancho, la 9 de Julio ostentó durante décadas el título de la avenida más ancha del mundo. Su recorrido une los barrios de Constitución y Retiro, pero completarla del todo no fue nada fácil: demandó 43 años entre obras, expropiaciones de terrenos y un rediseño profundo del mapa urbano porteño. Hoy por hoy es una arteria neurálgica para el tránsito cotidiano, las líneas de colectivo y el movimiento de turistas.
En el corazón del trazado se levanta el Obelisco, construido en 1936 por el arquitecto Alberto Prebisch en plena Plaza de la República. Con 67,50 metros de altura y unas 1.800 toneladas de peso, el monumento se convirtió en el punto de encuentro inevitable para los festejos futboleros, las marchas y los grandes eventos sociales.
Caminar a lo largo de la avenida implica encontrarse cara a cara con la arquitectura histórica de la Capital. Ahí nomás están el Teatro Colón, reabierto en 2010 tras su restauración, el Edificio del Plata —donde funcionaba el viejo Mercado del Plata y que hoy guarda oficinas del Gobierno porteño— y la mole del ex Ministerio de Obras Públicas, famosa por haber alojado en 1951 la antena que emitió la primera señal de televisión del país.
En lo que respecta a la movilidad, la avenida es un eje central. La Línea C de subte acompaña su trazado bajo tierra desde 1934, mientras que en 2013 se montó el Metrobús 9 de Julio para priorizar a los colectivos y agilizar los viajes. A eso se le suman los tradicionales pasajes subterráneos de las Galerías 9 de Julio, que cruzan por abajo conectando Carlos Pellegrini y Cerrito a la altura del Obelisco.
A lo largo de sus casi nueve décadas, la arteria acumuló postales memorables. Entre las más recordadas figuran el histórico recital de Soda Stereo en 1991 frente a más de 200 mil personas, los shows de música clásica al aire libre con Daniel Barenboim y Zubin Mehta en 2010, y las intervenciones artísticas sobre la fachada del Edificio del Plata, rindiendo homenaje a personalidades como Ernesto Sábato y Lionel Messi.
A 89 años de la apertura de aquel primer tramo, la 9 de Julio se mantiene vigente con nuevas obras y actividades en el espacio público. Entre el vaivén incesante de colectivos, peatones que van a trabajar y visitantes buscando la clásica foto con el Obelisco, la avenida se afirma como el corazón latente de la vida moderna en Buenos Aires.

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