Arqueología subterránea: laberintos, cisternas y pasadizos bajo las calles del microcentro

Bajo el asfalto del Microcentro y del Casco Histórico, por donde miles de personas caminan todos los días entre colectivos y oficinas, late una Buenos Aires subterránea. A pocos metros de la superficie, la tierra guarda capas intactas del pasado colonial y arqueológico que hoy se buscan rescatar.

El Área de Arqueología y Paleontología del Ministerio de Cultura porteño encabeza trabajos en puntos clave como la histórica Casa Blaquier, en Defensa 165. Allí, bajo la guía del especialista Horacio Padula, el equipo recupera baldosas de laja de Hamburgo, cerámicas de 1820 e indicios jesuíticos que permiten reconstruir la vida cotidiana de quienes habitaron la zona hace doscientos o trescientos años.

Aunque las mitologías urbanas sostienen la existencia de una red secreta e infinita de túneles, especialistas como el arquitecto Eduardo Sprovieri y la investigadora Mariela Blanco aclaran que se trata de tramos específicos y no de una estructura totalmente interconectada. Entre los lugares que se pueden visitar destacan el Zanjón de Granados en San Telmo, la Manzana de las Luces, el túnel de la Iglesia de San Ignacio —donde se aprecian hasta fósiles de megafauna— y el Sitio La Cisterna en Moreno 550, una estructura monumental con capacidad para casi 300.000 litros y miles de piezas de la época federal.

Estas intervenciones en paralelo a las obras del Microcentro permiten que la Ciudad sume proyectos urbanos sin borrar la memoria que sobrevive bajo sus calles.

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