Bajo el suelo de Monserrat, uno de los barrios más antiguos de nuestra ciudad, la Manzana de las Luces esconde una red de túneles coloniales que aún despierta la curiosidad de los vecinos e historiadores.
Estos pasadizos comenzaron a excavarse a partir del siglo XVII sin un plan único ni uniforme, sino de manera fragmentada según las necesidades de cada institución. En una Buenos Aires colonial de calles de tierra, lluvias e inestabilidad, el subsuelo ofrecía una solución práctica para conectar edificios clave. Por ejemplo, los jesuitas utilizaban los túneles para trasladarse entre sus dependencias educativas y religiosas sin necesidad de salir a la calle.
Además de facilitar la circulación interna, estas vías subterráneas cumplieron un rol defensivo como alternativa de resguardo o escape ante posibles conflictos. Al mismo tiempo, en una época marcada por las estrictas restricciones comerciales de la Corona española, el subsuelo sirvió para el movimiento clandestino de mercancías. Esas distintas funciones explican por qué no forman una red perfecta, sino un trazado irregular hecho con variadas técnicas y materiales a lo largo de los años.

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