La Legislatura porteña arrancó un año agitado tras la apertura de sesiones de marzo, y al oficialismo le tocó mover los primeros hilos en un escenario bastante más picado de lo previsto. Con el PRO atravesando un piso histórico de bancas tras los últimos comicios frente a La Libertad Avanza, la gestión de Jorge Macri tuvo que tejer acuerdos voto a voto con libertarios y peronistas para sacar adelante sus primeras leyes del año.
En una jornada marcada por negociaciones finas y cruces en el recinto, el Poder Ejecutivo logró aprobar la reformulación al tope del aumento de patentes atado a la inflación, junto con ajustes al Código Fiscal impulsados por Matías López. Además, sobre la hora y tras un acuerdo entre los jefes de bloque, se sumó la exención del pago de Patentes y ABL para los vecinos afectados por el derrumbe en Estación Buenos Aires. El paquete se completó con homenajes, temas sobre tablas y la primera lectura para nombrar teatros en la estación Uruguay del subte.
Sin embargo, los costos políticos de la nueva distribución de fuerzas no tardaron en aparecer. La primera chispa saltó en la comisión de Planeamiento Urbano, donde el bloque libertario reclamaba una vicepresidencia que finalmente quedó en manos del PRO y el peronismo, desatando un duro cruce entre Pilar Ramírez y Silvia Lospennato. Más tarde, la tensión escaló en pleno recinto durante un debate sobre desalojos; allí la jefa de la bancada peronista, Claudia Neira, hizo valer sus 20 bancas —la primera minoría del cuerpo— y amenazó con dejar sin quórum la sesión. Aunque las leyes salieron, la jornada dejó en claro que el oficialismo tendrá que negociar cada votación a un precio muy alto en un año acortado por el calendario político y electoral.

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