Análisis sociocultural: las razones de la vigencia global de la obra de Quino

Caminar un domingo por la feria de San Telmo es encontrarse con una marea de turistas y vecinos disfrutando del cielo primaveral, pero sobre todo es topársela a ella. Desde la primera cuadra de la calle Defensa, la figura de Mafalda aparece estampada en todos lados: desde medias, imanes y tazas hasta mates, muñecas tejidas y cuadernos. A pocas cuadras de ahí, en la esquina de Chile y Defensa, la fila para sacarse una foto con su estatua oficial del Paseo de la Historieta no baja nunca de las veinte personas, mientras las versiones alternativas puestas por los comerciantes juntan bastante menos gente. Entre recuerdos oficiales y merchandising trucho donde le atribuyen frases que jamás dijo, los puestos de cerámica no paran de vender objetos con su cara sonriente.

Para el dibujante Rep, Mafalda nunca se fue sino que siguió creciendo, aunque ahora tomó otra dimensión tras la muerte de Quino en 2020. Este fenómeno no se limita a los puestos callejeros o chocolates, sino que abarca la reedición de Todo Mafalda por la editorial Sudamericana, una caja de colección en lata, la futura serie animada producida por Netflix bajo la dirección de Juan José Campanella prevista para 2027, y la muestra inmersiva en el Centro Cultural Recoleta impulsada por Damián Kirzner. Con entradas a partir de los 24 mil pesos, la exhibición propone un recorrido interactivo por trece salas que recrean el almacén de Don Manolo, la farmacia, la casa de la protagonista y hasta viajes al espacio, sumando además una sala con objetos personales del autor y un espacio virtual independiente para ver a la nena cumpliendo su sueño de ser traductora en la ONU.

Nacida en los años sesenta a partir de un encargo publicitario fallido para la marca de electrodomésticos Mansfield de Siam Di Tella, la tira dio sus primeros pasos en las revistas Leoplán y Primera Plana antes de consolidarse en el diario El Mundo y luego en Siete Días Ilustrados. Con reflexiones de figuras como Umberto Eco, la historieta construyó un universo donde personajes tan diversos como Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad convivían y debatían sin romper los lazos, representando los distintos matices del propio Quino. Como recuerda la investigadora Isabella Cosse, el final de la publicación en junio de 1973 coincidió de forma trágica con la cobertura de la Masacre de Ezeiza, marcando el inicio de una apropiación global y diversa del personaje.

A pesar de los intentos de despolitizarla o distorsionarla con inteligencia artificial y banderas ajenas a su espíritu, colegas como Maitena y Tute remarcan la impronta profundamente humana, comprometida y progresista con la que Quino abordó el cuidado del planeta, la desigualdad y el feminismo mucho antes de que fueran debates masivos. Así, la pequeña niña pacifista se consolida como un clásico absoluto de la literatura argentina y un símbolo cultural tan arraigado en la identidad porteña como el propio tango.

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